29 sept. 2011

Padres e hijos


Estaba tendido junto a su hijo, le acariciaba la cabeza suavemente mientras canturreaba un lullaby celta.  Desde que era un bebé le tarareaba aquella musiquilla inquietante y melancólica cuando lo hacía dormir. El hombre rondaba ya los 40 años, el niño apenas los seis.

Dejó de cantar, dejó de acariciarle la cabeza y descansó la palma de su mano en la frente del niño. Por un instante creyó que habría una manera, una posibilidad, una certeza. Cerró los ojos y lo pidió: algo así como que allí y entonces pudieran substituirse uno al otro  -quizás sea justo decir que la solicitud era menos comprensible que todo esto-, se le otorgaran a él las trabas que rondaban en la cabeza de su hijo, que lo liberaran de una vez, que los liberaran.

No ocurrió nada.


Mi padre murió anoche. Mi padre murió hace un año y medio.  Anoche soñé que mi padre moría.

Todo era triste, claro. Había un funeral, unas flores a mi nombre, lágrimas y todas esas cosas que se esperan de un funeral. Estaban mi madre, mi abuela, mi hermano, tíos, primos, amigos; estaban todos.

Estaba aquel negro viejo que me dejó coger un volante por primera vez en mi vida, cuando tenía siete años; estaba el viejo ciego a quien construimos una casucha de madera, un domingo; estaba mi bisabuela con los ojos perdidos en un río desbordado; hubo una fiesta de fin de año, un puerco asado, un tanque de cervezas frías; estaban sus chancletas debajo de la cama, las botas con cemento en el patio, un pedazo de su rótula en el cajón de la cama junto a una kufiyya y catorce dinares; estaba aquella tarde de otoño, aquel bar de Madrid, cuando deseé que estuviera a mi lado.

Estaban todos.


Le miró a los ojos y quiso poder estar dentro, entender aquel mundo regido fundamentalmente por la soledad.

No era la soledad ésa de estar solo, de que fuera una hora cualquiera, una hora precisa y grave, y tuviera la certeza de que no existía nadie ni nada más y quisiera acompañar aquella pregunta esperanzada y semicoral de Pink Floyd: Is there anybody out there?

No, era apenas la soledad de no adivinar de que iba todo aquello, cuál era la ingeniosidad en; la soledad de no saber compartir el gesto ni la alegría ajenos. La de un mundo demasiado complejo (quiero decir simple y directo) dentro de un universo de sutilezas e intenciones arrevesadas.

Creyó que si lo conseguía, si lograba entrar, se toparía con una paz tan drástica y elemental, que subsistiría por siempre desarmado y cómplice.

22 sept. 2011

La suma de alcoholes

La imagen anterior forma parte de los resultados de un estudio de la Organización Mundial de la Salud sobre el consumo de alcohol y sus consecuencias. El gráfico muestra seis grupos de países según el consumo de alcohol per cápita anual.

Los grupos que representan a las zonas donde menos alcohol se consume corresponden, básicamente, a países musulmanes más o menos radicales, y Mongolia, India, Viet Nam o Cambodia. A continuación, con una media de consumo entre 5 y 7,49  litros de bebidas alcohólicas per cápita anuales viene el grupo que contiene a China, Angola, Laos, Tanzania, Colombia, Perú… y Cuba. 

Personalmente, esto ha sido una desilusión, si de algo creía que podíamos alardear los cubanos era de nuestra sed alcohólica. Pero he aquí el estudio que echa por tierra uno de las pocas cosas que nos quedaban. ¿Puede ser que solamente sea una ilusión personal, mi lectura equivocada de la realidad cubana que tan alejada me queda ya, eso de haber tomado como una generalidad nacional lo que era apenas una circunstancia personal? En mis últimos años en Cuba, la media del grupo donde me movía podía ser de 5 a 7,49 litros -no de bebidas alcohólicas sino directamente de alcohol- a la semana. Sin embargo, eso no implica que el resto de los cubanos tuviera la misma necesidad etílica.

Eso de vernos dibujados como los menos borrachos de toda América, lejos de España, Italia, Argentina o Australia, simples aprendices si se nos compara con los heavy drinkers de Europa provocó que llegara a sentirme un poco triste.

Se lo he contado a un amigo y su reacción ha sido similar.

Eso no puede ser, me ha dicho, qué se cree esta gente, no se puede uno fiar de ningún estudio de esos, sabrá dios la cantidad de dinero que se habrán gastado y para qué: para nada, una mierda de estudio, eso es lo que es. Además, ¿me puedes tú decir cómo coño cuentan los miles de litros de alcohol quirúrgico que se roban de los hospitales, los millones de litros de alcohol casero –llámalo chispa ´e tren, walfarina, llámalo equis- que se producen en ciertos barrios, los otros tantos de ron que se venden en el mercado negro? Y si me aprietas, ¿me puedes tú decir cómo cuentan los litros de alcohol de quemar filtrados con no sé qué tierras y filtros de piedra y no sé cuántas cosas…? ¿Los rusos? Bah…

Y aunque no comparta totalmente esa cruda visión del asunto, algo de razón creí que tendría mi amigo.

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Y ni digo nada del café...

15 sept. 2011

Basado en hechos reales: Florence Cassez

Durante los últimos meses he estado siguiendo la historia de Florence Cassez, una ciudadana francesa condenada en México a 60 años de prisión por cuatro secuestros, posesión de armas y delincuencia organizada. Para quienes no estén al tanto, el diario mexicano El Economista ofrece aquí un resumen que nos puede guiar a través de los acontecimientos.

La historia de Florence es rocambolesca, como suele ocurrir en estos casos, y ha llegado a convertirse en causa de desavenencias diplomáticas entre México y Francia. El presidente Nicolas Sarkozy pretende la extradición de su compatriota para que pueda cumplir la condena en Francia y ha dicho que "en cada reunión o en cada acto en el que participe un miembro del Estado francés, éste dedicará su intervención a recordar el problema de Cassez". Por su parte, el gobierno mexicano ha anunciado en la web de la Secretaría de Relaciones Exteriores que “a la luz de las declaraciones del Presidente Nicolas Sarkozy, el Gobierno de México considera que no existen las condiciones para que el Año de México en Francia se lleve a cabo de manera apropiada y que cumpla con el propósito para el cual fue concebido”.



Ésta es la noticia. Sin embargo, hay un detalle que me ha estremecido, no sé si de la risa o la conmiseración. Es lo referente a la operación policial mediante la que se apresó a Florence Cassez, a su novio Israel Vallarta y a otros miembros de la banda conocida como Los Zodiaco: el 9 de diciembre de 2005 varias cadenas de televisión mexicanas mostraban una espectacular operación de la policía de élite mexicana que lograba sorprender a los delincuentes y liberar a tres secuestrados. La noticia, como es natural, recorrió telediarios y periódicos y se pudo mostrar sin tapujos, con una detallada muestra de videos, fotografías y declaraciones oficiales.  “De último minuto, un duro golpe contra la industria del secuestro se está dando en estos momentos y es que la AFI trabajó durante semanas,  y esta madrugada lo que está haciendo es liberar a personas secuestradas…”, decía en Primero Noticias el reportero de Televisa, Pablo Reinah, aquella mañana, “estamos viendo cómo están entrando en estos instantes los agentes”.

Pues bien, días más tarde Vallarta y Cassez denunciaron que todo había sido un montaje para la televisión, un reality show. Las empresas e instituciones implicadas lo reconocieron: la operación se había realizado realmente el día anterior y lo que fue presentado a la opinión pública  "en directo" era apenas la recreación dramatizada por la policía, los secuestradores, las víctimas y los medios de comunicación. Sí, como una de esas películas que al incio pone "basada en hechos reales" y de las que siempre, siempre, se suele sospechar.

No sé si Florence Cassez es culpable o no de los delitos que se le imputan, pero si yo fuera Sarkozy tampoco me fiaría.

11 sept. 2011

11-S (Renunciar al horror)

Sí, sí. Yo, como casi todos, recuerdo lo que hacía el 11 de septiembre de 2001.

Estaba borracho. Un borrachera que duraba ya entre siete y diez días, justificada -excusa más bien- por la despedida de mi amigo A.. Cuando nos avisaron de que algo gordo estaba ocurriendo en Manhattam estaba yo en medio del atraco de su biblioteca y estuvimos mirando la transmisión de los sucesos en la recepción de un hotel porque los canales cubanos no habían comenzado aún a tratar el tema.

Lo sabido: incredulidad, horror, más incredulidad, más horror, ese horror en vivo y déspota que te obliga a seguir mirando a la pantalla.

Sin embargo, lo que más recuerdo de ese día es la imagen de A., de vuelta a su casa, después de aventurar consultas en el aeropuerto sobre su viaje -fuga detalladamente planificada, como si se tratase de escapar de una prisión o exactamente porque lo era- que debía ocurrir al día siguiente. El alcohol y la zozobra fueron embotando poco a poco la peculiar vivacidad de A. hasta que se quedó suavemente dormido frente a la tele, frente al fuego, el desplome y los cuerpos que caían de las torres como granos de un recipiente rebasado.

The Sphere, del alemán Fritz Koeniges, escultura de veinticinco metros compuesta por cincuenta y dos segmentos de bronce que sobrevivieron bajo los escombros del Word Trade Canter, se exhibe en Battery Park.
Con el paso de los años, siendo descreido de teorías conspiratorias que podrían aportar un poco de interés al asunto, los once de septiembre se han ido convirtiendo en una monótona repetición  de imagenes, relatos, análisis, homenajes: ¿qué hacía usted? ¿qué cambió en el mundo? ¿cómo se puede luchar contra...?

Y resulta que me ocurre lo que a A. aquel día y me voy quedando suavemente dormido ante el horror repetidísimo y por tanto menos horroroso. La evidente intención de los medios de hacernos revivir el dolor logra, al menos en mi caso, una renuncia evidente.

8 sept. 2011

Un apretado bosque de amapolas

Cuenta Gabriel García Márquez en la celebérrima novela "Cien años de soledad": "Cuando despertaron, ya con el sol alto, se quedaron pasmados de fascinación. Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. (…) En el interior, que los expedicionarios exploraron con un fervor sigiloso, no había nada más que un apretado bosque de flores."

He recordado este fragmento de la novela mientras leía una noticia de EFE: "Un sumergible con una capacidad de carga de ocho toneladas de cocaína y una autonomía de navegación de Colombia hasta México fue hallado en la selva suroccidental colombiana.
El submarino, que estaba listo para realizar su primer viaje, fue descubierto el domingo en la zona rural de Timbiquí, localidad del departamento del Cauca (suroeste), informó el jefe del Comando Conjunto Pacífico Número Dos del Ejército, general Jaime Herazo, en la misma zona del hallazgo."


No es la primera vez que se encuentra algo así, ya en julio de 2010, en la selva ecuatoriana, el ejército había tropezado con un submarino de 33 metros de largo, "operativo para viajes transoceánicos".

La similitud de estas situaciones con la narrada en la novela de García Márquez es elementalmente deliciosa. Cosas de eso que llaman lo real-maravilloso.

Apenas una apreciación última: dicho está que las embarcaciones encontradas servían a los propósitos de grupos de narcotraficantes; sorprendente entonces es que el galeón encontrado  y "explorado con un fervor sigiloso" por José Arcadio Buendía y sus hombres sólo se encontró "un apretado bosque de flores".

No se sorprenda usted si a algún fiscal le da por investigar al escritor como autor intelectual de estas estrategias del tráfico de drogas; tampoco si algún sesudo investigador descubriera que lo que bebía el cura Nicanor para poder levitar unos doce centímetros no era precisamente chocolate -al menos no el chocolate en el que siempre habíamos pensado.

1 sept. 2011

Ánimo

Me he descubierto tratando de dar ánimos a un amigo tras una catástrofe familiar, de esas donde el dolor es intransferible e inexplicable.

Nunca he sabido qué es lo apropiado en estos casos, tengo una visión demasiado simplicista de la muerte –en resumen: más miedo al dolor (físico) asociado que al hecho en sí; creer que la tragedia a su alrededor atañe mucho más a los vivos que a los muertos; va de egoísmo, como si le reprocháramos a la gente que queremos que se termine muriendo-, y quizás tema que se me malinterprete: no es que no me importe su dolor, es que la representación de éste me parece injustificada. 

foto de Osbel Concepcion Padron

He notado en su voz la decepción de mi amigo, a fin de cuentas se tomó la molestia de llamarme –seguramente antes tuvo que rebuscar en alguna agenda vieja o un correo electrónico de esos que tenemos guardados sin que lo sepamos; quizás hasta tuvo en cuenta la diferencia horaria.

Y cuando colgó, me lo imaginé sentado junto a la mesita del teléfono, mirando a la pared durante unos minutos hasta que entraba alguien a la habitación, un niño quizás, y él se daba cuenta de que tenía que seguir con sus cosas.