23 feb. 2012

Machilistli, tlatsotsonalli, xochikuikatl


A. C. es escritor. Su ficha dice también que es psicólogo y periodista; que lleva toda su vida inmerso en el estudio de las tradiciones sobrenaturales de los aztecas e intentando juntar esta información, que para él debe ser certera, con la psicología standard o académica. Ha colaborado habitualmente con revistas esotéricas y científicas –aunque de todo debe haber por ahí, incluído revistas esoterico-científicas, imagino que en este caso se refieran a revistas esotéricas y revistas científicas, así, por separado- y ha publicado más de cincuenta libros. “Curar con las manos (guía práctica)”, por ejemplo, o: “Flores de Bah, una terapia de las emociones”, o: “Comprender y usar los sueños: respuestas clave y diccionario de interpretación”. Decir que sus libros se venden como churros sería quizás una exageración. Sin embargo, el cómputo de los beneficios de su trabajo le permite llevar una vida desahogada entre España y su natal México.

Hasta aquí lo que tengo que contar sobre A.C., hasta aquí estas refencias a las que nunca habría llegado de no ser por una noticia que recaló hace una semana entre otros cables voceados en los medios noticiosos.

O quizás falte un último dato, A.C. tiene una hija. Una hija que nació en 1979, también en México, aunque la mayor parte de su vida la ha pasado en Europa donde adquirió la ciudadanía española. Cuando nació, su padre le debe haber regalado unos colgantes con las piedras más preciosas que se pudo permitir. Sin dudas fue una niña hermosa, dulce, el orgullo de sus padres, tan inteligente, tan pequeña, con tantas ganas de aprenderlo todo, desde comer correctamente un helado hasta manipular el tenedor, el cuchillo.

Ella no se hizo escritora ni psicóloga ni periodista y quizás para A.C. supuso una leve decepción, leve y superada cuando pensó en lo que el mismo pregonaba en sus escritos, cosas que incluían palabras como alma, recóndito, interior, importante. Aventurándonos en más supuestos, diremos que quizás su padre  le enseñara a nombrar cosas, palabras que al crecer no podía recordar ni siquiera de manera vaga, pero que de niña repetía constantemente porque ella sabía que a él le hacía especial ilusión escucharla: teotl, tlajtolli, toltekayotl, kauitl…

Ella no se hizo escritora ni psicóloga ni periodista. Más bien el último trabajo que se le conocía era en una heladería de su propiedad, esa donde días atrás la policía encontró los cadáveres de dos hombres descuartizados y ocultos bajo cemento. De cómo terminó viviendo en Austria y abriendo allí una heladería –desde mi desconocimiento: no me parece el mejor de los sitio para abrir una heladaría- es algo que desconozco, que ni siquiera me interesa recrear.

La heladera, la hija de A.C., confesó los dos asesinatos y así pasó a ocupar el puesto de asesina a la espera de juicio. La detuvieron en la estación de trenes de Udine, en la región de Friuli Venezia Giulia, Italia. La policía italiana informó que aunque les habían informado desde Austria que era una ciudadana española, en el pasaporte constaba México como lugar de nacimiento. Un policía ha dicho además a través de su cuenta de twitter que la presa pasa gran parte del tiempo repitiendo una letanía, algo así como: teotl, tlajtolli, toltekayotl, kauitl, machilistli, tlatsotsonalli, xochikuikatl, tokaitl...

16 feb. 2012

Sandeces


La gente no se cansa. Quiero decir: no se cansa en absoluto. Quiero decir: no se cansa de decir sandeces.

En una entrevista al diario El País a raíz del congreso del partido comunista cubano (perdonen ustedes el retraso), el escritor cubano Norberto Fuentes tampoco. “En ese momento” (1989, Causa Número 1 y fusilamiento del general Arnaldo Ochoa) “la revolución se jodió. Vino un período de funcionarios grises. Pero los hechos que se están produciendo en Cuba y las decisiones del VI Congreso del Partido le van a dar un nuevo giro a la dirección del país".

Eso es ser optimista y creerse que antes, cuando él mismo metía la mano o por lo menos se enteraba, existía alguna revolución en Cuba y no ya, desde hacía años, la entronización de una dictadura familiar. Eso es ser optimista y creerse que el Buró Político del PCC (los que mandan en Cuba, para el que no entienda bien conceptos), con una media de edad de alrededor de los 68 años, tienen algún interés en hacer cambios.

Cambios. Desde que era niño hubo siempre promesa de cambios, no los cambios, apenas cambios: quitar a éste y poner al otro, abrir “mercados libres campesinos” (y he aquí un uso errado de la palabra libre), cerrarlos después, volverlos a abrir, por ejemplo.

Raúl Castro, entronizado ya desde entonces como el capo de tutti capi, levantado el brazo victorioso por el hombre de Adidas (¿será conveniente la publicidad?, deben haber pensado más de una vez los publicistas de la marca deportiva), hará todos los cambios que hagan falta para mantenerse en el poder y seguir intocables, él y los suyos. A lo que más pueden aspirar los cubanos es a ser la China caribeña (como antes se intentó crear eslavos mulatos), sólo que sin dinero y sin chinos. Y ser chino del trópico debe ser muy jodido.

Da vergüenza ajena (y propia, insisto: Cuba es el resultado de nuestros procederes, de todos nosotros los cubanos) insinuar que cuando Raúl tenga 89 años dejará de desempañar cargos políticos y estatales, que se pensarán una ley para autorizar la compra y venta de automóviles y casas entre particulares. El propio Raúl sabe que, como la mayoría de las personas, es poco probable que llegue a los 89 años; en Cuba siempre se han vendido casas y automóviles, lo único que hace falta es tener el dinero y enterarse del tortuoso know how, que se basa en la compra de las burocracias.

Y es que hay una pregunta que aún queda sin respuesta: ¿por qué a los escritores les preguntan como si supieran de cualquier cosa cuando por lo general no saben de casi nada?

9 feb. 2012

République

Un sector de la sociedad española reivindica continuamente y con escasa convicción el fin de la monarquía y la instauración de la tercera república. Cuelgan en balcones y sacan a manifestarse la bandera tricolor. Es, sin dudas, una reivindicación lícita y entendible. Yo mismo, considero que las monarquías son antidemocráticas por concepto y absolutamente prescindibles en el caso de España. Escribí hace algún tiempo en este blog mis consideraciones sobre las discrepancias que creo entender en proclamarse demócrata y monárquico.



Sin embargo, no logro entender que aquellos grupos y personas que se manifiestan a favor de la república asocien ese concepto a los fallidos intentos existentes en la historia española, en especial al primer período de la Segunda República (1931-1933), bienio marcado por las políticas de izquierda.

De hecho, existe ya en España un sistema republicano donde los ciudadanos eligen a sus representantes políticos y donde la figura del rey es meramente decorativa y obsoleta, tanto como lo es el presidente dela República de Italia, al caso Giorgio Napolitano, quien cumple funciones similares: representar la unidad nacional más allá de tendencias políticas, etcétera. No creo que si milagrosamente ocurriera el fin de la monarquía, este hecho representara un cambio significativo en la organización estatal, una modificación del orden y la distribución del poder de los partidos existentes en la actualidad.

En esta hipotética abdicación de los Borbones –prescindiendo en esta hipótesis de complicaciones constitucionales, sucesores, aspirantes al trono desierto y demás – en España seguiría habiendo más de cinco millones de parados y las encuestas seguirían dando al Partido Popular ciertas seguridades de gobernar a partir de 2012.

2 feb. 2012

Ssssshhhhh

Decían que ocurría una revolución. Para darle cierto toque excéntrico la bautizaron en inglés, quizás porque así sonaba a clase de historia, a esa confusa certidumbre: las cosas importantes siempre ocurren en un sitio lejano.

Hubo fotos de masas enardecidas que solicitaban todo, querían todo, creían merecer todo.

Si pides todo se te dará nada.

El resto de la gente, la masa que no anda tan enardecida, sigue su camino, su trabajo, su familia, sus problemas para comer, vestirse, cosas sencillas, los escuchó, al menos eso dicen, y contestaron: pues va a ser que no.

Hubo gritos corales y contrapuestos, hubo más ruidos, ruegos, órdenes, esperanzas.

Hubo esa convicción de quien cree que tiene la razón porque es joven, entre otras cosas, sabe lo que es el vigor, puede dormir en una casa de campaña durante varios días sin que se comente nada de reuma, dolor de huesos o dolencias recaídas; porque puede ocupar una plaza, organizarse junto a unos miles de personas con la esperanza de que se entendiera el mensaje: si podemos organizar la vida en una plaza, podemos organizar un país.

Dicen que lo que llamaban revolución agoniza, que quizás haya conseguido unos días más de subsistencia gracias a la inercia y a las porras de los Mossos de Esquadra de Plaça Catalunya. Dicen que lo que parecía revolución se asemeja más a un mercadillo, de esos que uno visita para pasar el rato, donde uno termina queriendo comprar algo, cualquier cosa, pero sin poder decidirse entre tantos y tantos objetos que no necesita.

Dicen que pasaron de revolucionarios a indignados (y me asombra la reducción en la intensidad de los conceptos).

Digo: resulta cuando menos triste ser testigo de la persistencia en la derrota. Una derrota mejor cuando más rápido se asuma. Los manifestantes (o acampados o comoquiera se les llame a esta altura) deberían saberlo; la gente que les quiere deberían decírselo. La persistencia en mantener las tiendas y el ambiente de campamento de verano es un grito a través de gestos: ¿y ahora qué hacemos?

Una tienda de campaña instalada en el centro de una ciudad es un anacronismo evidente, redundancia quizás, sinsentido, es un objeto al que despojan de significado. Las tiendas de campaña en Sol, en Plaça Catalunya o en plazas de otras ciudades sean quizás el símbolo de este fenómeno al que acompañan: un objeto ideado para sobrevivir extrapolado a un espacio o entorno donde la supervivencia está garantizada. Sinsentidos. Agota esto de intentar encontrar una explicación a las babeles, a los asuntos que transcurren fuera de la razón.

Post Datum
: En aquellos días, un sábado por la noche, N y yo, a la salida del cine y mientras comentábamos la película o nos quejábamos de no encontrar un sitio donde comer, nos topamos con nuestra cuota de plaza tomada. En uno de los sitios más céntricos de la ciudad se había asentado una legión de tiendas de campaña y desde ellas nos mandaban a callar. Ssssshhhhh, decían a cada paso, ssssshhhhh. Quise decirles algo, pero callé. N, a quien el día anterior descubrí a punto de llanto mientras miraba las palizas de Plaça Catalunya, dijo: por qué no se van a dormir a sus casas y nos dejan en paz (o algo parecido).