30 ene. 2013

Al final


©Miguel Rubial (http://miguelruibal.blogspot.com.es/)

Malos tiempos, dicen.

El pesimismo como talega que nos obligan a cargar; y no a cagarlo de cualquier manera: se debe mostrar cierta compostura, cierto know how.

Paradojicamente, a la vez, el pesimismo está mal visto, roza ser objeto del escarnio. Es admirable no serlo y sonreír ante los problemas, y susurrar karma, energía/pensamiento/sentimientos positivos. Al fin y al cabo, ¿a quién le podría agradar ir por ahí con un pesimista, ducharse, preparar la cena, reírse, hacer planes?

A la larga todo saldrá bien, dices.

¿La muerte?

No, hombre, no, quiero decir...

La muerte es el final, es "a la larga".

Al final todo saldrá bien, dices tú sin fuerza, sin ánimo de polemizar, agarras tu talega y te marchas, for good.




22 ene. 2013

Confianza



Desconfía de los intrusos. Desconfía de quienes no te respetan. Desconfía de quienes dicen ser tus amigos sin saber la marca de whisky que bebes. Desconfía de la puerta y del portero, de la sensibilidad planfetaría, de los íconos, todos ellos, de los ex-cualquiercosa. Desconfía de quienes dicen que te desean el bien porque usualmente quienes de verdad te lo desean, lo hacen con tal intensidad que no es necesario caer en la reiteración de dejarlo evidente. Desconfía de quienes te dicen te quiero cuando quieren decir te deseo, o ni eso. Desconfía del vecino que te da los buenos días con ese tono de obligatoriedad cotidiana. Desconfía de quienes te quisieron porque suelen ir por ahí abriendo brechas a los caminos. Desconfía de quienes te querrán, porque en su temporalidad está el pecado (es un decir), y desconfía del chocolate que te regalaron porque no significa lo que tú hubieses querido que significara, y de la tortura, y del sexo tortura, y de lo contario. Desconfía del cíclope y de la hipotenusa, de Homero y de Pitágoras. Desconfía del tendero que te vende el tabaco con una sonrisa, del camarero que te pone una buena cerveza, y de la palmada en la espalda. Desconfía del espejo porque suele ser un traidor hijo de puta.

17 ene. 2013

Sótano

Siempre he tenido ese interés por el subsuelo, metafóricamente hablando. Las cuestiones ocultas, las razones que mueven las cosas, allí donde yacen los sentimientos reales, los motivos verdaderos de todas las cosas.

En estos días he tenido la ocasión de andar por los fondos de unos grandes edificios de Barcelona y he recordado lo que ya sabía. Ni de lejos las cosas son lo que parecen, en ningún sentido ni caso. Nadie ni nada es capaz de mostrarse tal y como es. Los yo verdaderos yacen también ocultos en el sótano. No se muestran. Nos espantan y tememos espantar a los demás. Escondemos toda esa basura que somos y nos olvidamos de que está allí.


Sin embargo, cada cierto tiempo y por algún motivo menor, tenemos que bajar al sótano. De pronto abrimos una caja y nos salta todo a la cara. Y sorprende como si nunca hubiéramos sabido, como si acabáramos de enterarnos, se nos revelara una gran verdad. Nos quedamos un rato pensando en todo ello, preocupados, asustados. Cerramos la caja, olvidamos.

Podríamos crear el día del regreso al sótano, uno para forzarnos una visita, deshacer los atadillos, revisar con profundidad lo que hemos estado ocultando allí durante años, recordar quiénes somos, lo que podemos llegar a ser, lo que podría pasar. Entendiéndonos a nosotros mismos, quizás llegaríamos a comprendernos mejor los unos a los otros, toleraríamos, soportaríamos, no nos espantaría tanto el sótano ajeno si recordáramos el propio.